Tlalpujahua: el río en las botas, la montaña en la memoria.

18 de octubre de 2026. Tlalpujahua, Michoacán. Hay lugares que se quedan contigo cuando ya te has quitado el dorsal. Este pueblo y sus senderos se han ganado ese sitio en mi memoria: una de las rutas más bonitas que he recorrido hasta ahora.
Esta historia merece abrir el diario de campaña de Rumbo a Chamonix. Porque el camino hacia 2028 también se escribe aquí, en Michoacán, con las zapatillas empapadas y la certeza de que todavía queda mucho terreno por descubrir.
Llegué con una razón que iba más allá del entrenamiento. Mis hijos querían conocer el pueblo y aquella salida era una oportunidad de hacerlos parte del proyecto. Quería que me vieran salir y que me vieran llegar. Que detrás de las madrugadas, de la mochila y de los kilómetros hubiera algo que pudieran compartir conmigo. Las grandes metas también se sostienen con esos momentos.
El terreno presentó sus condiciones desde el principio. Los primeros dos kilómetros y medio transcurrieron por un río de verdad: piedras, agua sobre los tobillos y pasos en los que llegó a superar la cintura. Había que mirar, elegir el apoyo y avanzar con atención. La montaña ya estaba dando la primera clase del día.
Salí del agua con las zapatillas, los calcetines y el equipo mojados. Así continuó la carrera. Cada cambio de terreno exigía volver a leer el camino. Las Salomon Speedcross 6 respondieron: terminé sin ampollas, sin rozaduras y sin resbalones. Una prueba de material que dejó experiencia útil para las próximas salidas.
El registro de mi reloj quedó en 11,84 kilómetros, 459 metros de desnivel positivo y 1 hora, 52 minutos y 54 segundos. Esos son los datos de mi recorrido. La parte más valiosa necesita otras palabras: bosque, río, esfuerzo compartido y unas piernas que seguían respondiendo cuando se acercaba la llegada.
Entre el kilómetro cuatro y el ocho compartí camino y conversación con otro corredor. Hablar con fluidez mientras ascendíamos me permitió reconocer las sensaciones y disfrutar de la compañía. También ayudamos a un corredor que se había perdido y le dimos ritmo para continuar. En el sendero, levantar la vista del reloj permite encontrar algo tan importante como una buena marca: compañerismo.
Alterné carrera y caminata, utilizando los bastones donde el terreno lo pedía. Llevaba la mochila y el material con los que preparo los retos que vienen. Cada subida servía para aprender; cada descenso, para afinar el criterio. A los 52 años, la experiencia te recuerda que administrar las fuerzas forma parte del trabajo.
Los últimos ochocientos metros llegaron sobre asfalto. Las zapatillas seguían cómodas y las piernas tenían respuesta. Dejé que corrieran. Llegar con esa soltura, después del río y de los ascensos, fue una de las mejores noticias de la jornada. Quedaban ganas de seguir. Y también la satisfacción de haber hecho lo que tocaba.
Tlalpujahua merece un reconocimiento por la belleza de la experiencia. Y esta crónica tiene que detenerse a agradecer a quienes la hicieron posible. Mi reconocimiento al MBA. Filemón Feregrino Puebla, una excelente persona y un profesional, y a su organización, Trail Run Adventure MX. Desde mi experiencia como participante, la organización fue excelente y estuvo a la altura de una ruta extraordinaria.
Detrás de una carrera hay trabajo que el corredor no siempre ve. Por eso quiero dejar escrito mi agradecimiento con la misma claridad con la que hablo del esfuerzo: gracias, Filemón; gracias, Trail Run Adventure MX, por esta jornada y por una experiencia que ya forma parte de nuestro camino.
Lo que resta de 2026 y todo 2027 serán preparación. Llegarán otras montañas, maratones y triatlones. En 2028 nos esperan los grandes objetivos del proyecto: Chamonix y el IRONMAN completo. Para construir ese futuro hacen falta jornadas como esta: aprender, disfrutar, compartir y regresar en condiciones de volver a salir.
Por eso Tlalpujahua abre esta bitácora. Por el pueblo, por la ruta, por el río y por las personas. Por mis hijos y por la alegría de seguir teniendo una línea de salida por delante.
Soy Igor Gutiérrez. El Sargento. Me llevo el agua en las zapatillas, una de las rutas más hermosas que he conocido y una orden que sigue vigente: avanzar.
FACTA NON VERBA. SER Y PARECER.
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